En el año 2000, Toys R Us firmó un acuerdo de diez años con Amazon para vender sus juguetes en internet. La cadena aportaba su catálogo y su conocimiento del negocio, mientras Amazon ofrecía la plataforma tecnológica y la operación digital necesaria para vender online a gran escala.
La decisión tenía una lógica concreta: Toys R Us podía entrar rápido al comercio electrónico sin construir desde cero una tienda digital, un sistema de pagos y una infraestructura para recibir pedidos. A cambio, el acuerdo establecía que Amazon sería su socio exclusivo dentro de esa categoría.
El problema apareció cuando Amazon permitió que otros vendedores ofrecieran juguetes y productos para niños en su plataforma. Toys R Us sostuvo que esa práctica violaba la exclusividad pactada y llevó el conflicto a la Justicia en 2004. En 2006, un tribunal de Nueva Jersey determinó que Amazon había incumplido el acuerdo y autorizó el final de la relación contractual.
La historia muestra una tensión frecuente en los acuerdos con plataformas: una empresa puede ganar velocidad y alcance al apoyarse en la infraestructura de otra, pero también queda expuesta a las decisiones que esa plataforma toma sobre sus reglas, competidores y canales de venta. En este caso, la alianza que debía darle a Toys R Us una posición exclusiva en internet terminó convirtiéndose en una disputa por el control de su presencia digital.


